WHITE SANDS, OTRA DE LAS MARAVILLAS NATURALES ESTADOUNIDENSES
Una de las sorpresas más agradables de nuestro viaje fue la visita al parque natural White Sands. La verdad es que no habíamos oído hablar de él hasta que empezamos a repasar guías para preparar la ruta y la descripción en todas ellas hacía pensar que se trataba de una visita imprescindible.
Las White Sands se encuentran a unas 15 millas (25 km) de Alamogordo en Nuevo México, muy cerca de El Paso y, por tanto, de la frontera con México.
Lo primero que te encuentras al entrar en el parque es el Centro de Visitantes al que se le conoce como The Headquartes. No hicimos ninguna foto del edificio pero creo recordar que estaba construido con ladrillos de adobe, muy típicos de la zona.
Entrar en el Centro de Visitantes es clave. Allí se puede ver un pequeño museo y, por supuesto, la tienda de recuerdos; pero lo realmente importante es un vídeo explicativo en el que te dan las claves de esta maravilla de la naturaleza.
Las White Sands es un parque desértico de increíbles dunas blancas. Este fenómeno se da por las condiciones climáticas y, sobre todo, minerales de la zona, lo que provoca que el color de la arena sea de un blanco deslumbrante, pareciéndose muchísimo a la nieve.
Puede recorrerse una zona del parque en vehículo o si no queda la opción de hacerse una de las múltiples rutas a pie, propuestas por el propio parque. Hay gran variedad de rutas con distintas dificultades y duraciones. Si esta es la opción que se escoge es importante ir bien preparado, las temperaturas son altas y al fin y al cabo se trata de un desierto. Creo recordar que, de hecho, era obligatorio avisar en el Centro de Visitantes de que iba a hacerse una de esas rutas.
Por nuestra falta de tiempo optamos por recorrer la pista destinada a los vehículos (puedes adentrarte unos 13 km - 8 millas) y parar en sitios que nos parecieron interesantes para meternos entre las dunas.
Recordamos que hacía muchísimo calor y el cielo estaba muy oscuro, así que todo hacía presagiar una buena tormenta. Y efectivamente, la cosa comenzó con unas tremendas ráfagas de viento que nos cogieron en lo alto de una de las dunas. Por suerte no nos habíamos quitado el casco porque la arena empezó a levantarse en remolinos y llegó un momento en el que no se veía absolutamente nada. Tras el viento llegaron los relámpagos y la lluvia, así que tuvimos que abandonar las White Sands un poco antes de lo que nos hubiera gustado.
Como anédocta, parece ser que el parque está rodeado de instalaciones militares, e incluso, en alguna ocasión se ha utilizado la zona para hacer pruebas. Nosotros no vimos nada extraño.
En definitiva, un paraje único que es visita imprescindible si se anda por Nuevo México.






